Mestura no Camiño 21 - ONG MESTURA
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Mestura no Camiño 21

Mestura no Camiño 21

Proxecto Mestura No Camiño

Relato de Manuel Arias, profesor de secundaria xubilado de León, sobre a súa experiencia no Camiño Inglés.

 

 

Con motivo do noso novo proxecto «Mestura no Camiño» enmarcado no programa «O Teu Camiño» da Xunta de Galicia, estamos a recoller relatos e experiencias de persoas que tiveron contacto có Camiño Inglés.

Nesta primeiro relato, Manuel cóntanos as súas vivenzas e sensacións transcorridas nos anos que realizou o traxecto. Grazas por facernos chegar as túas vivencias e animamos a quenes queiran participar, fágannos chegar os seus relatos a mesturanocamino@ongmestura.es

               «Se oye a menudo que hay personas que se empeñan en hacer el Camino de Santiago año tras año. Y es verdad que una vez que lo haces, algo se mueve por dentro que te impulsa otra vez al Camino.

Entiendo que para ello es necesario que te guste caminar, aparte de otros motivos más o menos religiosos que circulan por encima, como si fuera un arcoíris de ilusión y trascendencia. Pero el Camino te impulsa con un viento a favor hacia el mar, que es Santiago.

Tuve la fortuna de hacer el Camino de Santiago unas cuantas veces. Para ser más preciso, una parte del Camino, puesto que solo acoté el tramo de León a Santiago.

En mi interior quedó postergado haber realizado todo el Camino, pero quizás me pilló en una edad algo tardía. Y lo hice con variados acompañantes: con alumnos y profesores, con familia, con amigos y hasta solo. Y puedo decir que ninguna me desanimó. Tal vez, cuando lo hice solo topé con la nieve y me sentí un tanto ausente, pese a las grandes caminatas que me metí entre pecho y espalda.

Hubo un tiempo donde la lucha por la cama del albergue era esencial. Te obligaba a madrugar y a apurar la marcha. Eso ya no ocurre hoy por la abundancia de albergues y hospederías. Además, se ha impuesto la cordura de un módico precio en vez  de la voluntad, cosa que redunda en beneficio del caminante. De ahí que hoy, pese a la masificación de peregrinos, puede que, lleguemos donde lleguemos, tendremos una ducha y una cama para descansar unas horas.

Creo que el mejor momento del Camino es la llegada al albergue. Uno madruga y después de un desayuno a pie de cama a base de fruta y batido, emprende el recorrido. A las pocas horas, la parada para tomar un café y algo sólido hace que el peregrino renueve sus energías y se tome el resto de la etapa con más ilusión. Hacia mediodía llega al destino y, una vez instalado y duchado, sale a comer. Queda la tarde para descansar y otear por los alrededores el poco o mucho arte y la belleza natural de la zona. Después de unos 25/ 30 km. de camino, es bueno estirar las piernas y absorber la belleza del paisaje. Y así uno y otro día.

Me parece que el peregrino que lucha con su pesada mochila y sus pies doloridos debe gozar de esos pequeños hallazgos del camino: paisaje, iglesias, monasterios, cruceiros, etc. Pequeñas cosas, ya que los pueblos por donde se pasa y donde uno se  hospeda, apenas dejan otras estampas. Otra cosa es cuando llegas a ciudades o pueblos grandes: León, Astorga, Ponferrada, Villafranca, Cebreiro, Santiago…Quizás, la visita pausada ha de hacerse de otra manera, con otras herramientas. Además, el peregrino ha de gozar de la variada gastronomía que se le ofrece a través de las etapas recorridas.

El Camino, también, sirve para momentos de reflexión y para el inicio de amistades inesperadas. Todos tenemos en la mente el hallazgo de algún peregrino que nos ha dejado huella durante largo tiempo. Después, otros inconvenientes –la distancia, por ejemplo- han ido apagando aquel fuego primero. Aquí es bueno, igualmente, el dominio de los idiomas, debido a la gran variedad de países que confluyen en esos peregrinajes. Típico es la charla o tertulia en esas horas finales del atardecer al pie del albergue. No sé si hoy aún pervive esa llama o pasa lo mismo que en muchos pueblos donde los arrimaderos de las casas daban lugar a las charlas del sereno. Poco a poco se van extinguiendo, engullidas por la tecnología audiovisual. Es una pena que se pierdan estas confesiones poco antes de dormir. Seguro que dormiríamos más tranquilos y soñaríamos con parajes insospechados.

No puedo acabar sin echar mano de una fugaces escenas que ahora salen a flote en mi memoria: había quien caminaba leyendo un libro; algunos se retiraban a causa de sus bojas y esguinces; raras veces desaparecía dinero –había que ir a la ducha con la cartera-; algunos caminaban de espaldas para relajarse; a veces nos escapábamos a ciertos lugares para disfrutar de la gastronomía típica de la zona; se solía llevar una caja común para el gasto diario; hubo días que había que ingeniárselas para entrar después del toque de  queda; no se perdonaba el pulpo de Melide, ni el queso de Arzúa, ni la gastronomía del Bierzo; algunos salimos escaldados y voceando por el timo del tocino a precio de  caviar; en O Cebreiro no nos dieron cama al ver nuestro calzado impoluto y eso nos hizo caminar toda la tarde en busca  de albergue; los ronquidos muchas veces orquestaban la lentitud de las horas y el desvelo; alguna vez una flecha mal colocada nos desvió de la ruta…»

Manuel Arias Blanco, profesor de Secundaria jubilado (León)

Carlos
carlos@milksnet.com